
Bufff, vaya semana, sin comerlo ni beberlo he metido en el jueves sin contaros todavía nada del conciertazo al que fuimos el viernes en los madriles el Payodeono, David y un servidor.
Primero unos teloneros bastante recomendables, Nebula, con un batería loco perdido (como deben ser los baterías) que nos soltaron unos cuantos trallazos stoner entre pecho y espalda.
Entonces llegó el gran momento y vimos como Monstermagnet bajaban por un lateral e iban subiendo el escenario, en plan NBA.
Una vez arriba nos asaltó la sorpresa. Dave Wyndorf, el cantante, la superestrella, la cabeza de Monstermagnet, estaba gordo como una nutra. No era una barriga cervecera como la que cada uno llevamos con más o menos dignidad, aquel hombre estaba hinchado. 20 kilos más no se si sería exagerar demasiado. Las manos regordetas, pantalones extra grandes. ¿Qué había pasado? ¿Qué le había ocurrido al narcisista y excesivo Wyndorf para dejarse de aquella manera? y lo más importante ¿Se ha abandonado y ya no tiene aguante para esto, ha venido sólo a cobrar y a dar un espectáculo lamentable?
Pues esa última duda, la única que nos incumbía, se disipó de inmediato. En cuanto los acordes del primer tema comenzaron a sonar aquel hombre demostró que el que tuvo, retuvo, y que si bien podía haber ganado todos los kilos de mundo, la garganta la seguía teniendo en perfectas condiciones porque vaya tela. Cantaba, gritaba, aullaba, jadeaba, mejor todavía que en los discos. Al momento todo daba igual, allí estaban pasando cosas que escapaban a nuestra comprensión, estábamos viendo a Monstermagnet por fin y la cosa funcionaba.
PD - Todos los vídeos que acompañan esta entrada son del concierto del que hablo, la sala Heineken el pasado 28 de noviembre.