Odio a muerte la música carnavalera. Aunque el concepto de música carnavalera por si mismo me parece que no está muy definido, por lo menos aquí, porque se dedican a poner a volumen sangrante refritos de éxitos de los ya de por si detestables 40 Principales con bases más o menos bailables y singles technos a manta, uniendo tantas fobias que a veces me podría estallar el bulbo raquídeo. Además no soporto las orquestinas de las noches y ese bum bum incesante que es lo único que queda según te alejas de ellos, recordándote en todo momento que no has huido, que saben donde estás y podrán ir a por ti cuando quieran.
Cuando estoy en el medio de la refriega soy capaz de aislarme y no dejar que entre en mi cabeza, convirtiéndolo en una especie de ruido blanco (white noise) y seguir pidiendo frescos al camarero de turno. De hecho, el momento en que noto que soy consciente de la mierda que vomitan los altavoces o las orquestas es señal de que la cosa toca a su fin, o bien me estoy aburriendo o bien camino de la cama es el mejor camino.
Pero cuando no estoy de campaña, sobre todo si estoy en casa intentando dormir y no voy convenientemente anestesiado, es inevitable. El ruidaco se te mete dentro de la piel como un parásito y ya no oyes nada más por mucho que lo intentes. Imagina un grifo mal cerrado soltando gotas de trescientos kilos en una placa metálica.
Como no puedes ir con una metralleta a liquidar a la orquesta entera o cortar los cables de los amplificadores del “hilo musical” hace falta inocularse vacunas que ayuden a sobrellevar este bombardeo por saturación.
Aquí os dejo algunas de esas vacunas, enjoy yourself, little Morlocks, y veniros para acá si queréis saber lo que bueno.
El carnaval esta in the middle por el poblado. Cuando se acaba en todas partes aquí empieza lo más duro, a tumba abierta, matar o morir.
GREENLEAF
Cuando estoy en el medio de la refriega soy capaz de aislarme y no dejar que entre en mi cabeza, convirtiéndolo en una especie de ruido blanco (white noise) y seguir pidiendo frescos al camarero de turno. De hecho, el momento en que noto que soy consciente de la mierda que vomitan los altavoces o las orquestas es señal de que la cosa toca a su fin, o bien me estoy aburriendo o bien camino de la cama es el mejor camino.
Pero cuando no estoy de campaña, sobre todo si estoy en casa intentando dormir y no voy convenientemente anestesiado, es inevitable. El ruidaco se te mete dentro de la piel como un parásito y ya no oyes nada más por mucho que lo intentes. Imagina un grifo mal cerrado soltando gotas de trescientos kilos en una placa metálica.
Como no puedes ir con una metralleta a liquidar a la orquesta entera o cortar los cables de los amplificadores del “hilo musical” hace falta inocularse vacunas que ayuden a sobrellevar este bombardeo por saturación.
Aquí os dejo algunas de esas vacunas, enjoy yourself, little Morlocks, y veniros para acá si queréis saber lo que bueno.
El carnaval esta in the middle por el poblado. Cuando se acaba en todas partes aquí empieza lo más duro, a tumba abierta, matar o morir.
GREENLEAF
THE CLASH & FRIENDS