miércoles, 29 de febrero de 2012

Sile..., sile..., ¡nole!

3 millones de vinilos y 300.000 cd's en una colección privada
¿algún día podré hacer paredes con estanterias?
Uno de los momentos que más me gustan del documental Lemmy es cuando habla acerca del coleccionismo. Con un caos absoluto, en medio de paredes forradas de material nazi, de motorhead, videos, libros, etc, Lemmy comenta “Me gustan las cosas (stuff), te duran siempre. En tu vida consigues cosas, unas las conservas y otras las pierdes, al final se las dejas a otro pobre bastardo que las guardará el resto de su vida”
La wikipedia dice que el coleccionismo es una afición, y más abajo, en el véase también, como un hobby. Siempre que podamos llamar hobby a lo que hace un yonky con la heroína.
El coleccionismo es una razón en si mismo. No lo puedes explicar a alguien profano e incluso tú no te lo crees a veces. Porque hasta el yonqui más chungo flaquea de vez en cuando, pero un vistazo a tus hileras de cosas cogiendo polvo y no puedes reprimir un leve suspiro de satisfacción.
Hay montones de objetos de colección. Prácticamente cualquier cosa que se pueda catalogar es coleccionable.  Tantas drogas como drogadictos.
Si eres coleccionista todas ellas te llaman la atención, reconoces a otro de tu calaña, aunque sea un admirador compulsivo de carteles de cine  de Gummo Marx.
Al contrario de lo que pueda parecer no me interesa demasiado el mundo del coleccionismo más friki y comiquero, véase las toneladas de series de muñequetes, carteles y lo imaginable o no con el logo de Star Wars y similares. Mi hucha con forma de Darth Vader me recuerda desde la estantería que George Lucas es el Pablo Escobar de este vicio. Si él supiera que la pillé de saldo.

Es una vitrina privada, no una tienda. Los enfermos del coleccionismo no necesitan esta última aclaración.

¿Qué satisfacción se obtiene al comprar un busto de Darth Maul de tamaño natural, con número de serie, que por lo que cuesta cualquiera diría que te vas a un hotel con él, comparado con la emoción de la caza, rastreando un disco perdido en internet, ferias, trasteros, etc.? Ese mismo Darth Maul gana enteros si está en el garaje de un tío que lo vende y que a lo mejor no sabe lo que tiene.
La segunda mano es cazar con arco y flechas. Comprar novedades, por muy numeradas que vayan, es cazar con una ametralladora y un bazooka.
Como yonki coleccionista pillo libros y vinilos nuevos, aunque el grueso de mi colección se nutre de la segunda mano. El precio y la rareza de la pieza las convierten en más que objetos.
Tengo cicatrices que demuestran las horas pasadas en la jungla revisando kilómetros de cds en la Metralleta en Madrid, millones de cajas de vinilos en todas las tiendas que he podido, estanterías de aquí a la luna de libros. Cajas de libros en lo alto de un contenedor de papel (sólo una vez). Ese material que ya no quieres; los discos viejos de tu padre; juguetes de cuando eras niño que ya no necesitas porque te has hecho todo un hombre. Videoclubs y jugueterías que cierran y quieren desprenderse de ese valioso stock que se convierte en oro en las manos adecuadas. El Rastro de Madrid, y sobre todo el mercado de San Antoni, en Barcelona. Un edificio enorme rodeado por todas sus fachadas de un interminable pasillo abarrotado de libros, discos, dvds, revistas, chapas, posters, láminas y lo que quieras. Sólo recordarlo me entran temblores.
Cada pieza pillada en uno de estos lugares se guarda como la cabeza de un león en la pared, y al igual que el cazador, cualquier coleccionista te sabrá decir dónde, cuándo y cuanto le costó ese disco troquelado que tienes en la mano.
Y ahora internet, el mercado a lo bestia. He entrado tarde por aquello del vicio, esto es como pedir droga a la puerta de tu casa, y aunque se pierda el encanto de las nubes de polvo y las manos no se te queden negras de la porquería acumulada de años, todo, y digo TODO, está ahí. Como cazar leones en una cerca.

Kevin Smith vendió su colección de comics para pagar "Clerks"
Sólo la desesperación monetaria puede mover a un coleccionista a colocar su material

Fetichismo, obsesión, no se, tan sólo recuerdo ese disco de Hawkwind que apareció en una caja de cuplés, ese bluray de “Origen” a 2’50 €, esa banda sonora de “La muerte tenía un precio” en vinilo en un mercado de domingo en Vitoria, o aquella edición especial americana de “Tommy” con artistas invitados, libreto enorme y desplegable en forma de pinball…
Y es que pocas cosas se pueden igualar al subidón  de tener a tu presa en las manos, esa satisfacción tan plena y tan pasajera al tiempo
La basura, morlocks, ni se crea ni se destruye, como dice Lemmy, sólo cambia de manos.

4 comentarios:

zihc dijo...

con esta entrada me has flipao.
dime que además la estabas escribiendo con las pieles que llevabas el sábado todavía puestas y la próxima vez que esté en el poblado soy tuyo.

Wayne Gro dijo...

Las pieles y un sombrero de copa que me encontré con un pluma de cuervo

Payodeono dijo...

Todavía me acuerdo el mosqueo que te pillaste aquella vez que te quité el CD del "Live Killers" de Queen en La Metralleta... Je je je.

Wayne Gro dijo...

¡Que cabrón!Ese disco tenía que ser mio!!!Menos mal que la sangre nunca llega al río