miércoles, 26 de marzo de 2008

EL AMANECER DE LOS MUERTOS VIVIENTES


No lo soporto. No puedo con ello. No entiendo como la gente está tan dispuesta a hablar de sus cosas a primera hora de la mañana.
Llego al trabajo y entro en mi despacho como una rata, huyendo del contacto humano como la peste mientras los oigo hablar fuera de mi mazmorra, sus pasos moverse rápidamente de una sitio para otro, zombis sin alma que a causa de una extraña infección se han convertido en parlanchines de primera hora y cruzo los dedos para que no entren aquí a decirme cualquier chorrada.
Agradezco enormemente tener todo un despacho para mi solo, lleno de máquinas y trastos. Compartirlo, como tuve que hacer años atrás, me fuerza a enseñar una cara amable que a ciertas horas no tengo, aunque también es verdad que la falta de esa obligatoriedad puede que haya acentuado los síntomas de aislamiento.
Claro que ahora que lo pienso esta sensación es directamente proporcional a la mañana que sea. Así, el viernes es cuando más sociable me encuentro, pero el lunes es fácil no verme el pelo por el mundo exterior en muuuucho rato
Me gusta llegar a primera hora, encender aparatos, ver el correo, ver que tengo que hacer, yo solo. Es como la sala de máquinas de una nave espacial un tanto cochambrosa, la batcueva. Me gustaría que estuviera lleno de palancas y mecanismos a base de grandes engranajes como en Steamboy o llenarlo de tubos y humo al estilo de Brazil.
Al rato de estar encerrado las aguas van volviendo a su cauce y me voy volviendo persona (aunque no demasiado…) y entonces quizás me atrevo a asomar la nariz a lo que hay detrás de la puerta.
Llevo mi escopeta y los zombis no pueden hacer nada contra mi, pobres bastardos.

3 comentarios:

payodeONO dijo...

Te entiendo perfectamente Gro. Yo también soporto cada vez menos la compañía humana que por razones laborales tenemos que soportar día a día. El contacto con ciertas personas me da repelús y dolor de cabeza y desde luego lo último que me apetece muchos días es tener que aguantar su presencia, pero debe ser el precio que tenemos que pagar. Con lo bien que estoy sólo en mi cuchitril, siempre tiene que haber alguna llamada o alguna visita inesperada que me jode el día.

WAYNE GRO dijo...

Tu lo has dicho.
Ese azulejo que hay en algunos bares se aplica aqui a la perfección "Hoy es un día cojonudo, veras como viene alguien y te lo jode"

Anónimo dijo...

¡¡¡Viva la insatisfacción laboral, muerte a los martires que cada mañana nos encontramos con una sonrisa i-rreal!!!

Desde luego que no solo hay que cargar con la familia...